El despertar en el ala norte tuvo el impacto frío y seco de una losa de mármol.
Amira abrió los ojos despacio, estirando los brazos de manera perezosa sobre las sábanas de tela basta, buscando por puro instinto biológico el calor del cuerpo velludo y firme que la había aprisionado durante toda la noche anterior. Pero sus dedos solo encontraron el tacto áspero del colchón desocupado. La manta de lana gris estaba echada hacia un lado, conservando apenas un rastro tibio del aroma a sándalo y tabac