Fue mi papá quien vino a abrir la puerta, y nos vio a Martín y a mí parados uno al lado del otro en la puerta, con un palabra grabada en todo su rostro: chisme.
Esos dos ojos casi se salieron, como si descubrieran un nuevo continente, y por primera vez perdió su elegancia como maestro, y corrió a la cocina para sacar a rastras a mi madre con la imagen desenfrenado de huir de una zapatilla.
Mamá llevaba un trapo en una mano y un detergente en la otra, y también se quedó sin palabras por el hech