El profesor lucía impecable en su traje, caminando con majestuosidad hacia el estrado. Los estudiantes estallaron en aplausos, discutiendo en voz baja sobre él.
Para el profesor, todo esto ya era rutina. Esperó con tranquilidad hasta que la clase se calmó y luego habló:
—Buenos días a todos, soy Emilio Camacho. Estoy encantado de tener la oportunidad de pasar tiempo con ustedes en la Universidad Nacional. Durante este tiempo, haré todo lo posible por compartir los conocimientos que poseo y que