Al oír lo que dijo Martín, mi madre nos sonrió de manera extraña, pero no dijo nada al respecto y continuó preparando los platos.
En poco tiempo, todo estaba listo y justo cuando estábamos dispuestos a disfrutar de la comida, alguien llamó a la puerta.
Eran Sergio y Flora. Decían que habían venido a buscar a Martín para llevarlo a comer en casa. Flora, que estaba al lado de Sergio, miraba constantemente hacia el comedor.
Sergio, en vez de esperar mi respuesta, intentó entrar directamente en la