— Exacto. Me da pena verla así.
—A mí también. ¿Qué tal si la ayudamos?
—Mejor que resolverá este tipo de cosas por su propia cuenta. Además…
Pisé accidentalmente algo en el suelo, haciendo un ruido que sorprendió a ellas. Ambos se quedaron congeladas mirándome sin poder pronunciar ni una palabra. Sonreí y les dije:
—Volví a buscar mi teléfono. Ya me voy. No se preocupen por mí.
A pesar de que sentía vacío por dentro por la actitud fría que me trataba Martín, ya me acostumbraba de ser abandonad