NICOLA
Observo como se llevan a Bea, la mujer que amo y madre de mi hijo, la impotencia llega con la culpa, me pongo de pie como si de eso sirviera de ayuda para liberarla, no lo es, todo lo contrario, las manos me sudan odio que los policías le pongan una mano encima, no hay más público que nosotros, por ello, giro a ver a Milenka, como medio de salvación.
—Detén esto —demando.
Sus ojos se enfurecen, pero mantiene la calma.
—No, ella debe pagar por…
—Haré lo que quieras —digo las palabras