52. EL CLARO EN EL ESPESO BOSQUE
ELLA
Ragnar estaba de espaldas dando indicaciones a algunos guardias, pero yo solo miraba su enorme espalda, como los músculos ondeaban en cada movimiento y otros se hinchaban gruesos, me relamía los labios con hambre.
Lo vi enderezarse a toda su altura, miró sobre su hombro hacia mí con furia; tenía encendida la mirada, esos ojos azules glaciales que me encantaban. Podía pasar la eternidad mirándolo, cada vez que se abría la camisa, cada vez que se arrancaba el pantalón o rugía para liberar su