—El regreso a Nueva York fue diferente a todos los demás. No había urgencia, no había miedo, no había persecución. Solo el suave zumbido del avión y la calidez de la mano de Adrián entrelazada con la suya. Lucía miraba por la ventanilla, observando el océano que se extendía bajo ellos, y sentía que, por primera vez en meses, podía respirar.
Victoria y Valentina dormían en los asientos delanteros, agotadas después de la operación en Londres. Isabel estaba en su casa, preparando una cena de celeb