—La mañana siguiente amaneció clara en Londres, como si la ciudad misma quisiera celebrar el fin de la tormenta. Lucía se despertó en la suite del hotel con la luz del sol filtrándose a través de las cortinas. Adrián estaba a su lado, su respiración profunda y tranquila. Por un momento, todo fue perfecto.
Pero sabía que la paz no llegaba sin esfuerzo. Había demasiadas heridas que sanar, demasiados secretos que desenterrar. Y su madre, Elena, estaba a punto de entregarse a las autoridades.
—¿Está