La casa estaba más silenciosa de lo habitual aquella mañana. Incluso el bullicio de la ciudad se sentía amortiguado a través de los gruesos ventanales de la mansión Grant. Alice estaba sentada en el sofá con una pila de libros para colorear, con sus piernitas recogidas, tarareando suavemente mientras dibujaba un arcoíris de garabatos. La inocencia en su postura, la forma en que no se preocupaba por el mundo, la manera en que vivía plenamente el momento... me conmovía, recordándome todo lo que m