La casa estaba inusualmente silenciosa esa noche, ese silencio que amplificaba cada crujido del suelo y el suave zumbido del aire acondicionado. Alice estaba sentada a la mesa del comedor, moviendo la comida en el plato, con las mejillas ligeramente sonrojadas. Su parloteo habitual había desaparecido, reemplazado por un leve ceño fruncido y suspiros ocasionales. Al principio, intenté distraerla con historias, preguntas divertidas, incluso un juego rápido con sus crayones, pero nada parecía romp