Despierto antes que ella.
Años de sueño intranquilo y responsabilidades han acostumbrado mi cuerpo a levantarme antes del amanecer, pero esta mañana, al despertar, no me muevo. Me quedo quieto, mirando al techo, plenamente consciente del calor que me envuelve el pecho.
Lily.
Está medio acurrucada contra mí, con un brazo sobre mis costillas y la pierna entrelazada con la mía, como si se hubiera acercado sin darse cuenta durante la noche. Su respiración es lenta y uniforme, suave contra mi piel,