Vi a Alice desaparecer por el pasillo, sus pequeños pasos perdiéndose en la distancia. Sentí una opresión en el pecho como siempre en momentos como este, cuando deseaba algo que no estaba seguro de que debiera tener. La abracé con fuerza cuando entró corriendo en la habitación antes, pero incluso en mis brazos, sentí el peso del mundo oprimiéndome, la inquebrantable necesidad de protegerla de cualquier cosa que pudiera hacerle daño.
Y, sin embargo... hoy, no pude evitar la punzada de alivio que