Alice entró por la puerta principal como una pequeña tormenta.
Su mochila rebotaba contra sus hombros, las correas resbalando mientras corría hacia mí, con los brazos ya levantados. Apenas tuve tiempo de dejar el teléfono a un lado cuando se estrelló contra mis piernas, abrazándome con el entusiasmo que solo los niños tienen, el que da por sentado que siempre los atraparás.
"Hola", reí, agachándome justo a tiempo para aguantar todo su peso. "Qué rápido".
Soltó una risita, apretando su cara cont