Sylvia despertó en los brazos de Hiram. Su cuerpo estaba prácticamente aprisionado contra el suyo, tanto que casi se quedó sin aliento.
De verdad no entendía por qué un hombre adulto tenía que dormir abrazando a alguien de esa manera, como si temiera que ella fuera a escaparse.
Se movió con incomodidad para zafarse un poco, pero el hombre a su lado la atrajo de nuevo hacia sí.
Hiram abrió los ojos y la miró. En la mirada del hombre recién despertado no había frialdad ni oscuridad, solo somnolen