A la mañana siguiente, después de que Haldor y sus "mercenarios" se marcharan entre vítores de la población ignorante, Einar me mandó llamar.
Estaba en sus aposentos privados, no había guardias ni sirvientes. Solo él y una botella de vino vacía.
Me miró con ojos inyectados en sangre. Parecía paranoico, agitado.
—Se han ido —murmuró—. Todos me dejan. Korgan está muerto. Bjorn se ha ido a pelear. Astrid es una inútil que solo sabe llorar. Estoy solo.
Me acerqué con la jarra de vino, intentando re