Había pasado mi primera noche como "Sylvi" en una pequeña habitación de servicio adyacente a los aposentos del Rey. No había dormido, pensando que en cualquier momento, Einar entraría a mis aposentos. Me había pasado las horas sentada en el borde de un catre duro, escuchando los ronquidos de Einar a través de la pared, afilando mi odio como si fuera una daga.
El amanecer en la Ciudad Dorada no trajo el sol, sino una niebla espesa y gris que se adhería a las murallas de piedra blanca. Para la co