Si se tomaba al pie de la letra las palabras de la luna, entonces debía creer que la chica tranquila y recatada a la que había observado desde lejos durante dos décadas era una retorcida mente maestra sexual que había conseguido ganarse a un príncipe fuera del burdel más famoso de la capital. Un sucio demonio que utilizaba su nuevo poder para encarcelar a su hermana pequeña, que solo quería un cumpleaños perfecto con el alfa de sus sueños.
Ella hablaba, creyendo plenamente que él se aferraba a