Bianca.
Una cosa más en mi lista de desgracias.
Estar al borde de la muerte se había convertido en mi hobby favorito. Tan solo un paso más y me aproximaría a una tétrica soledad en lo más profundo de un ataúd. Tal vez eso fuera la solución a todos mis problemas, pero no dejaría de luchar hasta que la muerte me atrapara.
Me habían envenenado.
Pero no solo a mi, sino también a Irikna.
—Está estable, por suerte su prometido se dio cuenta del veneno que era y pudo darle un antídoto —dijo el do