El día era de un invierno fresco, de tintes nubosos y un presentimiento oscuro.
El Rey seguía encerrado en su despacho, y la guardia real seguía sorprendida por no recibir órdenes directas del alfa,aún así se entendía que en algún momento haría su aparición.
—Deberias irte a tu casa Clara—dijo el beta a la loba que ya había sido curada de sus heridas y se veía estable—Si quieres puedo acompañarte—le sorprendió ver la cara de desagrado que puso.
—¿Asi que ahora me echas?...no eres el dueño del pa