La respuesta a Sanna tardó dos minutos en escribirse y diez en decidirse.
No era la redacción lo que detenía a Adriana. Era la posición. Qué le ofrecían, desde qué autoridad, con qué garantía y, sobre todo, desde qué lugar iba a responderle ella a un hombre que había decidido escribirle directamente porque Beatrice no podía salvarlo sin hundirse y Franco no era quien tenía el mando formal del fideicomiso.
Adriana ya tenía la respuesta desde el asiento trasero del vehículo de Damián. Solo necesi