La noche antes de que Franco se fuera, Adriana no durmió.
No fue una decisión consciente, sino una respuesta del cuerpo ante la certeza de que algo estaba a punto de cambiar de forma. Había noches que no se atravesaban dormida. Había noches que exigían permanecer despierta, como si el cuerpo necesitara registrar cada segundo antes de que la vida se partiera en un antes y un después.
Se quedó en el ala privada hasta pasada la medianoche. Leyó dos veces los correos de Mara, revisó la estructura d