Un par de horas después, Mía abre los ojos y sonríe al ver que Steven está allí. Él se acerca para ver cómo está, con el temor de lo que pasará de allí en adelante.
—¿Cómo te sientes?
—Bien… aunque algo cansada, es como si mi cuerpo estuviera sin energías —Steven no quiere decirle que Nathan llegó, pero no le queda más remedio, porque seguro en cualquier momento el hombre volverá.
—Mía, tengo que decirte… que el señor Moore llegó.
—Supongo que no podía estar sola para siempre, ¿verdad? —su