Mía abre los ojos, se prepara para ir a trabajar y al salir, se encuentra un desayuno listo en su puesto. Al acercarse se da cuenta que es un pocillo con cereales y leche, además de una fruta.
—Buenos días… yo podía prepararme mi desayuno, pero gracias —le dice a Giovanna con una sonrisa.
—Mientras el señor no esté, déjeme consentirla.
Mía asiente, se come su desayuno en silencio y luego se pone de pie para lavarse los dientes, algo en lo que Giovanna pone especial atención, por encargo del