Esas dos palabras salen de la boca de Nathan con tanta sinceridad y desesperación, que Mía duda un momento… está a punto de dejarse llevar por esa deliciosa sensación de sentirse amada y protegida por alguien que no es su familia.
Pero esa mezcla de desilusión con actitud svicida gana y se aparta de él.
—No te creo…
—Vámonos —la interrumpe Nathan y ella no puede evitar la sorpresa.
—¿Qué quieres decir?
—Vámonos una semana donde tú quieras, yo tenía pensando Florida, pero creo que te gustar