Cuando Mía sale de la ducha, envuelta en aquella toalla enorme que le cubre hasta más abajo de las rodillas, a Nathan se le antoja una niña que él tiene que cuidar, es su niña y por nada del mundo la hará sufrir otra vez.
Hace acopio de todas sus fuerzas para no abrazarla, besarla y hacerle el amor allí mismo, le sonríe levemente, para luego casi correr al baño y darse una ducha fría. Mía se seca el cuerpo, luego va al tocador y ve una crema humectante, se coloca la ropa interior, que es de mu