### Punto de Vista de Amaro
Me puse de pie. Lo dejé allí, desangrándose en el suelo de baldosas. Mis hombres me siguieron afuera. Subimos a los autos y nos alejamos. No vino la policía. No en este barrio. No por un hombre como Javier.
El segundo hombre murió en Valencia.
Era un mensajero. Transportaba mensajes, a veces paquetes pequeños, entre los asociados de Valente. Era joven. Rápido.
Vio nuestro auto y corrió.
Eso fue toda la confirmación que necesitaba.
Salí del auto y le disparé dos veces por la espalda. Cayó de bruces sobre el pavimento caliente. Caminé hacia él y me paré encima. Aún estaba vivo, jadeando, con sangre burbujeando de su boca.
—¿Dónde está ella? —pregunté.
Intentó hablar. Solo salió un gorgoteo húmedo.
Le disparé en la cabeza.
Fue más limpio.
Al mediodía, mis manos estaban firmes. El zumbido en mi cabeza estaba silencioso. La violencia hacía eso. Me enfocaba. Hacía que el mundo tuviera sentido. Cada bala, cada gota de sangre, era un paso más cerca de ella.
Conduji