ARIA
El sol de la mañana se movía lentamente a través de los huecos de la gruesa tela de las cortinas, proyectando finas líneas de pálida luz dorada sobre el suelo de madera del dormitorio. Había estado completamente despierta durante varias horas, perfectamente inmóvil en el colchón con Leo colocado muy cerca de mi lado izquierdo. Su pequeña mano derecha estaba cerrada en un puño apretado, agarrando un trozo de tela de algodón de mi camisa. Su respiración física era suave, profunda y rítmic