Esmeralda.
El temblor de mis manos no me dejaba en paz mientras entraba a la cocina. Me sostuve de la encimera, intentando calmarme.
Luciano Moretti... ¿Cómo era esto posible? Después de tantos años, reaparecer de la nada, como un fantasma del pasado que yo creía enterrado. —Eiza— entró y, al verme así, preocupada, se acercó.
—¿Está bien, señora? ¿Necesita algo?
—No... no te preocupes, solo me siento un poco mareada. Todo está bien.
—¿Segura? ¿Le traigo un vaso de agua?
—No es necesario, de ver