Finalmente nos casamos.
Emir
Finalmente estaba en el altar, al lado de mi madre, esperando a que Eiza llegara. Andrew, que se ofreció a entregarme en el altar, seguramente se encontraba con ella. Mi corazón latía con fuerza, y no podía evitar sentirme nervioso.
—Hijo, te veo nervioso —declaro mamá con una sonrisa reconfortante.
—Madre, no te imaginas lo nervioso que estoy —respondí, tratando de controlar mis emociones.
—Quién diría que un hombre tan frío y arrogante como tú podría ser dominado por una mujer tan sencil