Narrador Omniciente
Durante el desayuno, Anna empezó a tocarse la cabeza, sentía un dolor fuerte.
—¿Anna?
—Murmullos, voces… un canto… no lo puedo describir, pero duele.
—Esto suena a un ataque de la manada que la secuestró.
—No sé cómo lo sé, pero es ella, Ágata. Siento su pena y su tristeza.
—Trataré de que mi lobo charle con ella.
Anna se acostó en la cama y tras concentrarse un poco logró que su loba escuchara y de pronto, frente a los hermanos, estaba la hermosa loba.
—Ágata.
—Lo siento, lo