Declan cerró la puerta de su oficina y se obligó a dejar atrás la ansiedad médica que le mordía la nuca. Condujo hasta casa con el piloto automático encendido, concentrándose únicamente en la carretera para no pensar en los viales de sangre que ahora estaban siendo analizados en un laboratorio bajo su nombre. El miedo a lo desconocido, a una debilidad que no pudiera controlar, era un ácido que lo corroía por dentro.
Al llegar al Penthouse, la quietud del lugar lo recibió.
—¿Dónde está Valentin