Al terminar la jornada laboral, Mila salió del edificio con el corazón latiéndole en la garganta. La adrenalina corría por sus venas como si estuviera cometiendo un crimen, cuando en realidad estaba a punto de denunciar uno.
Con las manos sudorosas, marcó el número que aún tenía guardado en su agenda como "Jefa Valentina".
El tono sonó tres veces antes de que la voz dulce y familiar de Valentina respondiera.
—¿Hola? ¿Mila? ¡Hace tanto tiempo que no recibo llamadas tuyas! Ahora que me llamas me