En el estudio del Penthouse, Valentina dio un respingo cuando la puerta se abrió repentinamente. Luna entró con una sonrisa y un vaso alto lleno de batido de frutas, y Valentina, movida por un acto reflejo de culpa, apagó el televisor con rapidez. No quería que nadie, ni siquiera la leal Luna, la viera obsesionada con la imagen de su marido mintiendo en cadena nacional.
—Aquí tiene, señora. Es de fresa y plátano, bueno para el potasio —dijo Luna, colocando el vaso sobre la mesa de dibujo—. ¿Se