El silencio en el comedor del Penthouse solo era interrumpido por el leve tintineo del metal contra la porcelana. Valentina estaba sentada frente a un postre exquisito, un mousse de fresa que en otro momento habría disfrutado, pero que ahora solo removía con la cuchara una y otra vez, creando espirales sin sentido en el plato.
Tenía el codo apoyado sobre la mesa y la cabeza descansando pesadamente sobre la palma de su mano, como si el peso de sus pensamientos fuera demasiado para que su cuello