— ¿Hiciste qué, Mason Campbell? —reprochó su tía ante la sucia jugada hecha por su sobrino a Clarisse—. Definitivamente no tengo idea de la edad que tienes, pareces un párvulo —renegó la mujer ante tal desfachatez.
—Quiso ahorcarme con un látigo, tía, ¿no pensarás que me iba a quedar con esa ofensa? —la mujer levantó una ceja de manera reprobatoria hacia él.
— ¿No utilizas tú mismo ese tipo de artilugios en tus encuentros carnales? —la mandíbula del hombre casi cayó al suelo.
— ¡Tía! —arrastró