Al día siguiente Arvid pasó a visitar a Camila. Ella seguía muy mal por lo que le había sucedido, pero él debía dejarle claro que, hiciera lo que hiciera, no volvería con ella: una porque lo había engañado diciendo que aquel bebé era suyo y la otra porque ya no sentía ni el más mínimo sentimiento por ella. Quizás estaba siendo cruel al abandonarla en esa situación, aunque ya antes habían terminado; solo que ella no había querido aceptarlo.
—Gordo, viniste —dijo Camila. Arvid se sentó a su lado;