El auto de Emir seguía parqueado a un costado de la vía; sus manos temblaban al sostener el volante.
—No me pidas que haga eso, yo no puedo hacerlo.
—Eres un maldito cobarde. Así dices amarme y hacer todo por mí. Sabes que matando a esa mugrienta puedo conseguir todo; seré feliz, Emir, y todo será gracias a ti.
—Estamos hablando de asesinar, de quitarle la vida a una persona.
Aunque no lo demostraba, ella también tenía miedo de asesinar, pero odiaba tanto a Kristhel que quería verla muerta