—Mi Kris, ¡qué grande y preciosa estás!
—Madrina, usted también está muy linda —tanto era la alegría de Marlín por haber encontrado a Kristhel, que expresaba su emoción en cada abrazo y palabra que salía de su boca.
—Señora Marlín, yo no sabía que Kristhel era su ahijada. De saberlo, la habría traído el mismo día que llegó a mi casa pidiendo asilo.
—Diego, te agradezco mucho por la ayuda que le brindaste a mi niña. Eres un gran hombre. Muchas gracias por todo.
—¿No me vas a presentar ante tu in