200. Una batalla perdida
“Mia Bennett”
Diez días. Nueve noches. Doscientas dieciséis horas atrapada entre paredes blancas, el sonido constante de los monitores y ese olor persistente a desinfectante que parece haberse impregnado en mi piel.
Pero ahora, sentada al borde de la cama del hospital, con los pies tocando el suelo frío y usando ropa de verdad por primera vez desde el secuestro, sé que por fin está terminando.
—Esto no debería tardar tanto —me quejo, mirando el reloj por tercera vez en menos de cinco minutos—.