181. Casi una bendición
Mi padre suelta un suspiro profundo, pasándose la mano por el rostro hinchado antes de mirarme otra vez.
—No puedo ser hipócrita, Mia —dice en un tono más bajo, casi resignado—. Porque estoy viviendo algo que también puede considerarse igual de complicado.
—Entonces, ¿eso significa que ahora entiendes que no lo controlamos?
Él suelta una risa corta, pero con los labios hinchados el sonido se convierte en una especie de mueca extraña.
—Todavía lo estoy procesando —sacude la cabeza lentamente—. P