149. La novia de mi hijo
Mia y yo bajamos las escaleras despacio, con los dedos entrelazados, saboreando la calma a pesar de todo.
Al llegar al último escalón, las voces animadas se mezclan con el aroma a comida casera que impregna toda la casa.
Por un instante, me transporto años atrás, cuando estas reuniones eran algo habitual para mí.
Al entrar en el salón, mi madre está sentada en el sofá, riendo con Magnolia, mi tía materna, y George, su marido. Su mirada se ilumina en cuanto nos ve.
—¡Por fin! —exclama mi ma