118. Tú lo cambiaste todo
Los golpes vacilantes en la puerta me sacan de mis pensamientos. Respiro hondo y, al abrir, por un instante es como si no fuéramos nosotros.
A diferencia de otras veces, Mia no se lanza a mis brazos. Se queda con los brazos cruzados, como si quisiera protegerse.
—Pasa —digo, apartándome para dejarla entrar.
Duda un segundo antes de hacerlo y se detiene en medio del despacho. La tensión en sus hombros, el leve temblor de sus manos… todo en ella grita confusión.
—¿Quieres tomar algo?
—N