“No creo en el destino. Creo en las señales”
Elisabet Benavent
Anna sube las escaleras apresuradamente, Edelmira quien viene saliendo de su habitación se topa con ella en el pasillo.
—Anna mi amor, ¿qué te sucede?
—Nada mamá, nada —se le quiebra la voz y Edelmira la sostiene por los hombros.
—Nadie llora por nada. ¿No confías en mí? ¿No deseas contarme? —Anna la abraza y llora sobre el hombro de su madre.
Edelmira acaricia sus cabellos, con ternura. Por unos segundos, el silencio se mantiene, A