Damon
Le serví un vaso de agua para que se calmara y se me quedó viendo cuando terminó de tomar.
—Te ves muy cansada —comenté.
—Estoy un poco sedada —respondió.
—¿Te sientes mejor?
—¿Del dolor? Sí.
—¿Y de lo que acaba de suceder entre nosotros?
—No tanto por eso. Estoy un poco molesta. No me gustó lo que me dijiste.
—Lo siento mucho. Te lo compensaré. Verás que puedes confiar en mí, Katherine.
—¿Estás seguro de eso?
—Por supuesto —aseguré con firmeza—. Yo te amo, Katherine.