Tres meses después...
Todo parecía brillar para ambos. El mundo les sonreía y a Maksym no le cabía en el pecho más orgullo y felicidad. Nunca se había sentido así. La emoción y ansiedad por conocer a su primogénito era algo inexplicable. Alice se había despedido de Alemania y prometió volver para que conocieran a su bebé. Ella agradeció toda la ayuda y aunque la emperatriz sabía desde el inicio que se iría, omitió decir las palabras —te lo dije—. Eso se lo guardaría para una próxima vez que se