Capítulo 94. Tu vida está en mis manos.
Emma Spencer.
“¿Warren?” —le susurré, como si recién estuviera saliendo de un trance que tenía mi mente nublada.
Frunció el ceño, me miró como si no me reconociera y preguntó: “¿Qué le pasó a este lugar?”
La poca luz que había en el espacio se apagó, dejándolo en absoluta oscuridad. Con la vista perdida, me susurró: “Hace frío.”
Y en ese momento entendí de que mi amado había decidido darse por vencido. Le grité: “¿Warren? ¡Oh, no! Diosa mía, no, por favor… ¡WARREN!”
Tiré de él, con las lágrimas