POV: Zoé Dupont
El silencio en la habitación era absoluto, sólo roto por el rugido amortiguado del viento golpeando el vidrio exterior.
Me quedé de pie en el centro de la inmensa suite, con los puños apretados y la respiración agitada. Lucien se había ido, pero su presencia seguía allí. El aroma a sándalo y nieve impregnaba las pieles de la cama, las cortinas de terciopelo pesado y hasta el aire que yo respiraba. Era una marca territorial invisible, y mi cuerpo, traicionero y estúpido, respondía a ella con un calor que me enfurecía.
—Piensa, Zoé. Piensa —me ordené en voz alta, tratando de acallar el latido frenético de mi corazón.
Caminé hacia la pared de cristal. La vista era vertiginosa. Estábamos en la cima del mundo, suspendidos sobre un abismo de rocas negras y hielo. Lucien no mentía: una caída desde aquí era una sentencia de muerte. Golpeé el vidrio con los nudillos. Reforzado. Probablemente a prueba de balas. La puerta principal requería huella dactilar.
Estaba atrapada. Encer