Narrado por Luna
El viaje era una pesadilla de asfalto y sombras. Dentro del coche, la tensión era un tercer pasajero invisible, pesado y opresivo. Alex, sentado a mi lado, estaba pálidamente erguido, su cuerpo un hilo estirado al límite. Cada curva, cada farol distante, era vigilada por sus ojos, que reflejaban el dolor y la vigilancia feroz de un animal acorralado. Sabía que estaban rodeados por una flota de coches leales, una armadura móvil de acero y hombres armados. Tsurushi, al volante,