De todo lo que acaba de pasar, hay una cosa que debo reconocer y eso es que Bernard tenía razón.
No había manera de que nosotros nos lleváramos a esos dos lobos por todo el edificio sin que levantáramos sospechas o, incluso, que fuéramos detenidos por la seguridad del propio edificio, la que se encarga de que cosas como esas no les ocurran al personal y, mucho menos, al vicepresidente de la corporación.
Y eso lo sabíamos muy bien, cuando todos nos sentamos a planificar lo relacionado a nuestro